La cirugía plástica ya es un tema común en estos tiempos, cada ves mas sofisticada y en los lugares del cuerpo jamás imaginados, si quieres informarte de que se trata todo esto, no dudes en visitar nuestro blog,
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También se le conoce como cifosis juvenil, fue Holger Scheuermann en 1920 quien describió las características radiológicas de la enfermedad y planteó que se producía por una necrosis avascular de los anillos apofisarios de los platillos vertebrales.
La enfermedad suele producir dolor durante la adolescencia y segundo década de vida con mejoría en un alto porcentaje luego de los 20 a 25 años. El valor angular de la curva puede continuar aumentando y llegar a niveles estéticamente poco aceptables, pero el riesgo de progresión luego de terminado el crecimiento óseo no se conoce.
El tratamiento quirúrgico está reservado para aquellos pacientes con cifosis con valores angulares mayores de 65 a 70º, con dolor persistente e invalidante o que muestran clara tendencia a la progresión a pesar de la terapéutica instituida.
La rigidez propia de la curva obliga frecuentemente a realizar un primer tiempo anterior, por una toracotomía o tóracofrenolaparotomía para liberar y resecar los discos más comprometidos de modo de flexibilizar la curva. Luego, en el mismo acto quirúrgico se realiza la corrección y artrodesis por vía posterior con instrumentación.
Al igual que la escoliosis se utiliza la fijación segmentaria con alambres sublaminares que permiten una excelente corrección del raquis en el plano sagital.
La observación del cuello uterino mediante un microscopio con aumento (de 10 a 40 diámetros), también dispone de luz ultravioleta y distintos filtros y adaptadores para fotografiar y video grabación.
Se expone el cuello mediante un espéculo bivalvo corriente y se procede a limpiar las secreciones del epitelio cervical con solución de ácido acético al 3%. Éste último elimina el moco y también deshidrata las células superficiales, lo cual aumenta la relación núcleo/citoplasma de células displásicas y crea el epitelio blanco que se ve a través del colposcopio cuando la luz se refleja en él.
El colposcopista observa el epitelio de la vagina y el cuello uterino (la zona de transformación escamocolumnar por fuera del orificio externo del conducto cervical y el exocervix).
Se pueden ver cambios de color en la mucosa, formaciones sobreelevadas o ulceraciones, superficies rugosas, vasos anómalos, etc.
Dentro de las imágenes colposcópicas anormales se destacan las manchas blancas o leucoplasias (se presentan como placas de diversa extensión, de color blanquecino, más elevadas con respecto a la mucosa que rodea y carente de vasos). También se pueden visualizar imágenes en mosaico (se observan en la periferia de la zona de transformación, tienen un aspecto similar a un tablero de ajedrez) o la presencia de vasos anómalos.
La operación cesárea tiene por objeto la extracción del feto a través de la incisión de las paredes del abdomen y del útero. Es muy variable. Las cifras más altas se registran principalmente en centros especializados de alta complejidad y concentración de patologías. En las instituciones que exhiben buenos resultados perinatales la tasa global de esta operación oscila entre un 8 y un 22%.
En Occidente a partir de la década de 1970 la tasa de cesáreas fue en continuo aumento. Para el fin del siglo pasado en los Estados Unidos de Norte América la tasa global rondaba el 22%. En el momento actual cuando se sobrepasa esta cifra la cesárea no siempre resulta beneficiosa ni para las madres ni para el niño y tampoco lo es para los costos y las estadísticas hospitalarias.
En ciertas instituciones de algún país de América Latina ha llegado a ser tan abusiva que sobrepasó el 80% del total de los nacimientos. El aumento de la frecuencia observado en las últimas décadas se debe, en América Latina, a varios factores donde unos están sustentados ética y científicamente mientras que otros no tienen justificación.
Por último se debe reprobar el abuso de la cesárea cuando privan su elección factores extramédicos ya sea, económicos, comodidad del equipo de salud, etc; los cuales puedan llevar a un perjuicio de la madre y de su hijo.
Es un tumor embrionario originado de las células de la cresta neural que puede desarrollarse en cualquier sitio del sistema nervioso simpático. Esto incluye tumores encefálicos y tumores extra encefálicos. Estos se dividen a su vez según su topografía, originándose el 3% en el cuello, el 20% en el mediastino, el 24% en los ganglios simpáticos abdominales, el 3% en la pelvis y el 50% en la médula suprarrenal. Esta distribución de frecuencia, sin embargo, varía de acuerdo a la edad de los pacientes considerados, de modo que en pacientes menores del año la misma es más pareja entre las distintas topografías y en la medida que se consideran pacientes mayores las topografías abdominales y sobretodo las suprarrenales adquieren preeminencia. La topografía tiene además un cierto valor pronóstico, siendo peor el pronóstico de los tumores adrenales que el de los extraadrenales.
En ausencia de metástasis a distancia y cuando el tumor parece ser resecable, el tratamiento inicial es la cirugía con el objetivo de lograr la exéresis completa, evaluar cuidadosamente el hígado y tomar muestras ganglionares para una adecuada estadificación.
Intususcepción de un sector del intestino en si mismo. La porción proximal es traccionada hacia el intestino distal por el peristaltismo. Generalmente se da en lactante de 8 a 10 meses. Tiene una predominancia amplia en el varón sobre la niña 4:1.
Es un lactante sano que en determinado momento, en general en la noche, se despierta con dolor abdominal intenso y brusco, que lo hace adoptar una posición antálgica de flexión de los miembros sobre el tronco y del tórax también sobre el tronco. Tiene una duración de aproximadamente 10 a 15 minutos y al ceder el niño queda letárgico. Se vuelve a reiterar nuevamente. Inicialmente se puede acompañar de vómitos o más tardíamente cuando la Intususcepción avanza son los vómitos por oclusión intestinal. Otra de las características, es la presencia de gleras con mucus y sangre. La invaginación intestinal en principio es una oclusión incompleta.
El tratamiento consiste en realizar una desinvaginación mediante un colon por enema, por su puesto que el cirujano debe de permanecer durante su realización. Si por alguna causa no se puede realizar el tratamiento médico, se debe de realizar y además tiene indicación quirúrgica de entrada cuando: la oclusión intestinal presenta hemorragia digestiva importante, signos peritoneales de entrada o cuando se sospecha que la causa no sea primaria, sino secundaria. El tratamiento quirúrgico es la desinvaginación.
Mediante un abordaje inguinal se ubica el testículo, se disecan los elementos del cordón, se trata el saco herniario (presente en el 90% de los casos) y luego se lleva el testículo al escroto realizando una pexia del mismo para evitar su ascenso ulterior.
Es necesario llevar hacia abajo el testículo sin tensión y sin esqueletizar los vasos espermáticos. La tensión sobre estos vasos origina trombosis vascular y atrofia testicular secundaria. A la edad en que se realiza actualmente el tratamiento de esta patología, los elementos del cordón son muy frágiles (finos y fáciles de traumatizar) sino se realiza por individuos con mucha experiencia. Es por eso que toda la literatura consultada es coincidente en que esta operación debe de ser realizada por cirujano pediatra o por urólogo pediatra y con un ayudante también que se encuentre bien especializado. Al igual que la anestesia debe ser administrada por un anestesista pediátrico.
En situaciones especiales tales como testículos no palpables la utilización de la cirugía video-asistida o cirugía laparoscópica tiene actualmente una enorme importancia. En primer lugar realiza el diagnóstico diferencial entre ausencia o presencia del testículo. Luego se puede predecir si el testículo podrá o no ser descendido con facilidad a la bolsa.
El procedimiento de elección es la extirpación del divertículo o diverticulectomía, combinada con la sección o miotomía del músculo cricofaringeo para evitar la recidiva. Cualquiera que sea la sutura empleada, debe de ponerse especial cuidado en no estrechar la luz esofágica.
Muchos autores recomiendan extender la miotomía cricofaríngea 2 a 3 cm en el esófago cervical para eliminar por completo la zona esfinteriana de alta presión. La miotomía como único procedimiento quirúrgico (sin diverticulotomía) ha sido indicado en divertículos menores de 4 cm. El propósito es eliminar el riesgo de fístula esofágica postoperatoria, aunque a costa de un índice de recidivas. Con el mismo propósito, algunos autores prefieren tratar los divertículos de mediano tamaño mediante la denominada diverticulopexia.
Este procedimiento consiste en elevar el fondo de la bolsa diverticular y suturarlo a las fascia prevertebral, de manera que la bolsa suspendida no puede llenarse. Habitualmente se asocia a este procedimiento una miotomía del cricofaríngeo.
En enfermos ancianos, con riesgos quirúrgicos muy elevado, en especial cuando existe patología respiratoria severa, puede estar indicado el tratamiento endoscópico del divertículo de Zenker.
Existen diversos procedimientos cuya indicación depende de la localización y el tamaño del quiste, así como de las condiciones de la cavidad residual (complejo periquístico). En el quiste hialino periférico de adventicia mínima, y por ende, con complejo periquístico reversible, el tratamiento de elección es el procedimiento de Allende-Langer. Consiste en la extirpación del quiste, sutura de los bronquios comunicados con la cavidad y cierre de este mediante suturas concéntricas (en jareta) desde la profundidad a la superficie.
En el quiste mediano complicado y periférico, cuyo complejo periquístico es irreversible, está indicado el procedimiento de Velarde Pérez Fontana, o sea, la extirpación del quiste y del complejo periquístico (periquistectomía), sutura bronquial y cierre de la cavidad mediante suturas concéntricas.
En quistes medianos o centrales, voluminosos y complicados, la periquistectomía puede ocasionar lesiones del hilo pulmonar. En estos casos está indicado el procedimiento combinado de Brea: extirpación del parásito, periquistectomía parcial y sutura bronquial.
En los quistes medianos y gran volumen debe de prevenirse la aspiración bronquial que puede ocurrir con la posición decúbito lateral. Para ello se recomienda la intubación traqueobronquial con tubos de doble luz tipo Carlens, que permiten el bloqueo selectivo y facilitan las maniobras quirúrgicas.
Una de las complicaciones más frecuentes después de la cirugía del neumotórax es la pérdida aérea persistente, especialmente en pulmones enfisematosa, habiéndose informado diversas técnicas para disminuirla como los parches de pericardio bovino sobre la sutura o los adhesivos de fibrina.
Le sigue en orden de frecuencia la falta de expansión pulmonar, lo cual genera cavidades pleurales residuales que, si no son solucionados rápidamente, terminan infectándose. La insuficiencia respiratoria luego de la operación se produce generalmente en pacientes con deterioro previo de la función cardiorrespiratoria por enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
El porcentaje de atelectasias, como en toda cirugía torácica, depende del esmero con que se efectúe la asistencia kinésica respiratoria y del control del dolor postoperatorio. Las hemorragias postoperatorias se observan en el 2% de los casos y el empiema pleural en 3%. Otras complicaciones menores, aunque frecuentes, son el hematoma y la infección de la herida operatoria.
Se han informado recientemente cifras de mortalidad entre 0,32 y 1,4 %. La mayoría de los pacientes que fallecen son añosos y padecen de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
El tratamiento de un neumotòrax, se indica reposo en aquellos pacientes sin disnea, con neumotórax mínimos, es decir, menores de 10%. El aire se reabsorbe paulatinamente y cabe esperar una reexpansión completa en menos de una semana. El paciente debe tener una comunicación fluida con el médico o con el centro asistencial, para poder asistirlo rápidamente en caso de que el neumotórax aumente.
Esta indicada en los neumotórax hipertensivos con riesgo de paro cardiorrepiratorio. En esos casos una simple punción con una aguja gruesa, puede salvar al paciente mientras se dispone el instrumental para colocar un avenamiento pleural. Este avenamiento pleural puede ser el tratamiento definitivo y no necesariamente los neumotórax hipertensivos deben de ser sometidos a cirugías mayores.
Para los demás pacientes con neumotórax, la punción no está indicada por su alto índice de fracasos sumado al alto porcentaje de recidivas. Por otro lado el avenamiento pleural con tubo bajo aguja, es el método de elección para la mayoría de los casos. Se realiza mediante una toracotómia mínima a nivel del tercer o cuarto espacio intercostal, en la línea media axilar.