Las suturas bien realizadas deben producir una ligera eversión de los bordes de la herida recién suturada. De no ser así, la tracción cicatricial posterior producirá una antiestética cicatriz invaginada. Para conseguirlo, la aguja de sutura debe entrar y salir de la piel en ángulo recto respecto a su superficie, recorriendo entre ambos puntos un trayecto interno circular mediante un giro de muñeca del cirujano.
Por el contrario, la introducción de la aguja tangencial a la piel produce una sutura muy superficial que invierte sus labios. El lugar de entrada y salida de cada punto debe ser equidistante respecto a la línea de herida para que la sutura incluya la misma cantidad de tejido en cada labio y que éstos no se encabalgen. Además, los puntos también deben quedar equidistantes entre sí para repartir uniformemente la tensión a lo largo de toda la cicatriz. El número de puntos será el necesario para cerrar la herida sin que queden zonas dehiscentes, iniciando la sutura en el punto medio de la herida y realizando puntos centrales sucesivos en cada defecto restante hasta el sellado completo.


