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Higiene quirurgica, parte II

La presencia de pelo en el campo quirúrgico puede incomodar la intervención pero no es un factor de infección. Se afeitará con rasuradora o tijera lo mínimo imprescindible, sobre todo en el cuero cabelludo. Tras esto se pincela la piel ampliamente con una torunda de gasa estéril embebida en povidona yodada al 10%, mediante un movimiento espiral del centro a la periferia, hasta colorear un área de piel mayor que el orificio del paño fenestrado que se usará. Conviene que éste sea de papel desechable, mejor con una de sus superficies impermeable. La lencería de tela lavable es cara e incómoda de limpiar en los centros de Atención Primaria.
Antes de cada intervención se debe prever el instrumental y complementos necesarios y exponerlo sobre un paño estéril en el carro de instrumental para su localización cómoda durante la intervención. Si el paño no es impermeable se debe evitar su mojado incluso con líquidos estériles (conservante de suturas, antisépticos, anestésicos locales, sueros, etc.) pues se contaminaría de inmediato dicha superficie, por capilaridad.
Tras el acto quirúrgico, resulta imperativo disponer en la sala de intervención de un contenedor especial para material cortante o punzante (hojas de bisturí, agujas o jeringas montadas, ampollas, punch, etc.) y un receptor de restos quirúrgicos biocontaminados (gasas, hilos de sutura, guantes, etc.), que será eliminado por incineración.

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