Actualmente, en las intervenciones de cirugía menor sólo se emplean suturas atraumáticas constituidas por una aguja curva con el hilo embutido de fábrica en su mandril. Para facilitar su paso por la piel la sección de la aguja es triangular y cortante en alguno de sus bordes. Aunque los calibres de sutura más utilizados para suturar la piel son los medianos (3/0 y 4/0), son también imprescindibles, en menor número, hilos más delgados (5/0) y más gruesos (2/0) para ciertas técnicas o determinadas localizaciones.
Todas las reparaciones necesarias en cirugía menor pueden realizarse con dos productos clásicos de bajo coste: la seda como material permanente para suturas superficiales que se retiran tras la cicatrización de la herida y el catgut como material reabsorbible para ligar vasos sangrantes, reparar mucosas o realizar suturas enterradas que desaparecen espontáneamente de los tejidos. Ambos materiales conllevan inconvenientes derivados de su origen natural y de su estructura trenzada de varios filamentos: producen cierta inflamación hística, aumentan la posibilidad de producir marcas cutáneas y facilitan su colonización bacteriana.
Además de éstos, existen otros materiales de sutura, fijos y reabsorbibles, de origen sintético y estructura monofilamento que resultan biológicamente inactivos, aunque a un coste sensiblemente superior. De todos éstos convendría tener algún material irreabsorbible plástico (nilón, poliamida, polipropileno, etc.) para el cierre de heridas en zona estética. Por el contrario, las suturas reabsorbibles sintéticas son innecesarias para los requerimientos de fuerza tensil de la piel. Las suturas metálicas (grapas de acero) se aplican mediante grapadoras desechables de forma sencilla, son prácticamente arreactivas y consiguen un excelente resultado en ciertas indicaciones. Existen cargadores de distinto tamaño (desde sólo 5 grapas).



