Las hernias abdominales poco evolucionadas suelen ser asintomáticas y resultan con frecuencia un hallazgo exploratorio ocasional. Según progresan pueden producirse dolores abdominales localizados en la región de la hernia, de presentación intermitente, en general desencadenados por cambios posturales o esfuerzos. En hernias de cierto tamaño, estos dolores pueden llegar a ser de intensidad moderada a severa.
Con el crecimiento del saco herniario, además de las molestias locales y el antiestético aumento de tamaño, aumentan las posibilidades de que el contenido de la hernia se haga irreducible. Cuando la hernia se incarcera, se acompaña de un dolor más intenso, continuo y difuso.
Una hernia incarcerada puede desencadenar complicaciones graves como una obstrucción intestinal si existen asas intestinales en el saco herniario o una estrangulación de la hernia si se produce una alteración circulatoria de su contenido. El riesgo de que aparezca alguna complicación es mayor en las mujeres y en los ancianos. Según las localizaciones, las hernias obturatrices están casi todas complicadas en el momento del diagnóstico. Las femorales tienen alto riesgo de complicación (28%) respecto a las inguinales (4%).


